Palabras claves: EDUCACIÓN FÍSICA / MOTRICIDAD

Título: ACCIONES MOTRICES-CONJUNTAS PARA ESTIMULAR LA PARTICIPACIÓN DE LAS FAMILIAS DE LOS NIÑOS/AS PRE-ESCOLARES DEL REPARTO CARDOSO DEL MUNICIPIO DE SANTA CLARA.


Autores: MSc. Idania Blanco Cepero,Msc. Raúl Delgado Alvarez, Lic. Maria Caridad Abreu López


RESUMEN:
El desarrollo de las acciones motrices en los niños y niñas entre los cinco y seis años se corresponde con la edad anterior, observándose como diferencia fundamental la ejecución de las acciones con mayor calidad.
En este grupo de edad se manifiesta además una gran explosión en el desarrollo de las capacidades motrices, el niño lanza más lejos, corre más rápido y muestra mayor coordinación, equilibrio y orientación dentro de otras capacidades coordinativas en la ejecución de los movimientos.
Esta consideración debe tenerse en cuenta después que se ha podido lograr, como punto de partida, el conocimiento del niño/a con el cual trabajamos. La presente investigación se realizo en el S/I “Fernando Cuesta Piloto” centro perteneciente al Combinado Deportivo “Julio A. Mella”, del Municipio de Santa Clara, que se encuentra ubicado en el Consejo Popular 31. De acuerdo a lo anterior, se aborda primero los procesos más generales que influyen en el desarrollo psicomotor, y posteriormente se propone diversas actividades para mejorar la participación de padres y madres en las actividades conjuntas con el niño quinto año de vida teniendo en cuenta las diferentes formas de organizar los preescolares, deficiencia que encontramos en dicho centro, dado por la pobre vinculación de las familias a las actividades del área de la motricidad. Se utilizaron métodos y/o técnicas, los cuales posibilitaron arribar a conclusiones que de ser llevadas a cabo pueden ser de gran utilidad para el desarrollo del niño en la citada etapa.


Introducción
La afirmación de que la edad preescolar constituye una etapa fundamental en todo el desarrollo de la personalidad del niño, resulta ampliamente compartida por todos los pedagogos que se han ocupado desde distintas posiciones de los problemas de la educación, el desarrollo y la formación del ser humano.
Múltiples estudios e investigaciones han evidenciado que en esta etapa se sientan las bases, los fundamentos esenciales para todo el posterior desarrollo infantil, así como la existencia de grandes reservas y posibilidades que en ella existen para la formación de diversas capacidades, cualidades personales y el establecimiento inicial de rasgos del carácter.
Existen diferentes posiciones, acerca de cuáles son las fuerzas que producen o inhiben este desarrollo, las causas que lo generan y las vías para lograrlo.
Partiendo de la consideración de que la respuesta teórica que se dé a estas interrogantes en gran medida repercute o define las concepciones de un programa educativo para esta etapa del desarrollo infantil, se hace necesaria una clara determinación de nuestra posición.
Así, la concepción teórica de la que partimos se corresponde con las posiciones que reafirman el papel fundamental que tienen las condiciones de vida y educación en todo el desarrollo de la personalidad del niño en general, y muy específicamente, en la etapa preescolar; es decir, de cómo se eduque al niño, del sistema de enseñanza y educación desde sus primeros años de vida, ya sea en condiciones de vida familiar o en una institución educativa (teniendo en cuenta sus particularidades anátomo — fisiológicas), dependerá, en gran medida, la formación de toda una personalidad armónicamente desarrollada.
En esencia, esta concepción difiere de aquellos enfoques en que el desarrollo se considera como un proceso espontáneo, que tiene sus propias regularidades internas y que se realiza independientemente de las influencias externas, o de aquellos que, aún considerándolas, las supeditan a las leyes del desarrollo interno.
La posición de carácter general de la cual partimos presupone en el plano pedagógico concreto, la elaboración de un sistema de influencias pedagógicas sistemáticamente organizadas y dirigidas al logro de determinados objetivos, y estructuradas en un programa educativo.
Se trata de un programa cuyo principal objetivo es lograr el máximo desarrollo posible de cada niño lo cual constituye premisa indispensable de su preparación para la escuela, que de acuerdo con el fin general de nuestra educación debe ser integral y armónico, por lo que el programa comprende objetivos para el desarrollo de las distintas esferas de la personalidad en correspondencia con las particularidades de esta edad.
Hablar del carácter desarrollador del programa, presupone proyectarse hacia un nivel superior al ya alcanzado en cada momento de la educación, de la enseñanza, de la formación del niño; es decir, trabajar sobre el futuro, sobre el posible desarrollo de cada niño y no adaptarse al nivel ya logrado, lo que no implica su innecesaria aceleración.
La fundamentación se refiere no sólo a las concepciones pedagógicas más generales ya expresadas acerca de las interrelaciones entre la enseñanza, la educación y el desarrollo; sino que necesariamente presupone principios más específicos referidos tanto a los factores que condicionan el proceso educativo como a las particularidades y características de los niños, en correspondencia con la etapa del desarrollo de que se trata y que pueden expresarse como lineamientos que orientan su estructuración y su orientación metodológica.
Entre estos principios se destacan los siguientes:
El centro de todo proceso educativo lo constituye el niño.
Tanto el programa como el proceso de su realización tienen el objetivo central
de lograr el desarrollo del niño, el cual no puede lógicamente alcanzarse sin
que el propio niño participe activamente en todo el proceso.
Considerar al niño como centro de la actividad pedagógica, significa que la
organización de su vida en la institución, la estructuración de las actividades
que se planifican, los métodos y procedimientos de trabajo didáctico, las
relaciones que se establecen entre su educadora, él y sus compañeritos tienen
que estar en correspondencia con las particularidades de su edad, con sus
intereses y necesidades, y fundamentalmente tener un verdadero significado y
sentido personal.
El alcance de los fines y objetivos planteados está condicionado por las
posibilidades reales del niño. Así, el horario de vida, las formas en que se
organizan los procesos de su alimentación, sueño, baño; la posibilidad de
ofrecerle un tiempo para hacer independientemente lo que sienta deseos de
hacer, el permitirle el movimiento y el intercambio con los otros niños; el
convertir el tiempo de las actividades programadas en un momento de alegría y
satisfacción, como parte de sus requisitos pedagógicos; el cambiar inclusive lo
programado en un momento específico para no interrumpir alguna actividad,
todo ello es expresión de este principio fundamental.
Además, considerar el papel protagónico del niño en el proceso docenteeducativo
significa, que pueda participar activamente en la determinación de
qué hacer y cómo hacerlo, es decir, que comprenda la finalidad de sus
acciones.
El lugar central que el niño ocupa debe conjugarse con otro principio de la
educación, que por las particularidades dé la etapa preescolar es necesario
destacar.
El adulto desempeña un papel rector en la educación del niño. Este principio
implica que es la educadora la que, conociendo los objetivos planteados en el
Programa
Educativo, las particularidades de los niños de esta edad y muy en especial las
del grupo que atiende, es la responsable de organizar, estructurar y orientar el
proceso pedagógico que ha de conducir al desarrollo. La consideración del
papel rector del adulto tiene necesariamente que conjugarse con el lugar
central que el niño tiene que ocupar en todo el proceso. No se trata pues de
una dirección en la que la educadora dice y hace y el niño oye y reproduce,
sino de un proceso orientado hacia la participación conjunta de la educadora y
los niños en el que estos, al hacer, se desarrollan.
El cumplimiento de este principio resulta esencial en la edad preescolar porque
las experiencias del niño son aún limitadas, el dominio de sus procedimientos
para hacer necesitan mayor orientación y sus posibilidades para el trabajo
independiente están en su etapa inicial de desarrollo.
Estos dos principios encuentran su expresión en otro que los sintetiza.
La integración de la actividad y la comunicación en el proceso educativo.
Mediante la realización de actividades y la comunicación con los adultos y otros
niños se produce, para cada niño, el proceso de apropiación de la experiencia
histórico—cultural, en correspondencia con las particularidades específicas de
su edad.
En el transcurso de los diferentes tipos de actividad y en las formas de
comunicación e interrelación que se establecen entre los niños y los que los
rodean, se forman diversas capacidades, propiedades y cualidades de su
personalidad.
Aunque las diferentes actividades contribuyen al desarrollo infantil, existen
algunas que resultan más significativas en una determinada etapa: la
comunicación emocional con el adulto, en la lactancia; la actividad con objetos,
en la edad temprana y el juego, en la edad preescolar propiamente dicha, por
lo que devienen medio esencial al estructurar su enseñanza y educación.
La comunicación esencialmente afectiva de la educadora con sus niños
constituye fundamento del proceso educativo; la libre comunicación entre los
niños, no solo cuando el adulto lo propicie, sino cuando ellos sientan la
necesidad de hacerlo, es un elemento importante a tener en cuenta durante
toda su vida en la institución y no solo en las actividades independientes.
La afectividad en todos los momentos del proceso, en la actividad, en la
comunicación, en toda la vida del niño, constituye la piedra angular de la
educación en esta etapa del desarrollo. Sin amor, sin afecto, no hay lugar para
el desarrollo.
La vinculación de la educación del niño con el medio circundante. Este principio
que se encuentra en la base de todo programa educativo, deviene elemento
central en la etapa preescolar, ya que en este período de la vida el niño
aprende, se forma y desarrolla mediante las experiencias que vive, y las
relaciones directas que establece con los objetos, con las personas. Es en
contacto con su medio, con su tiempo y con su espacio que el niño, en un
acercamiento a su realidad siente el deseo de comprenderla, hacerla suya,
amarla y al apropiarse de ella, se enriquece y se desarrolla.
Es necesario tener en cuenta que no se trata de sobrecargarlo con una serie de
conocimientos acerca de su medio natural y social, sino de vincular todo el
proceso educativo con el medio donde el niño vive y se desarrolla; aprovechar
las posibilidades de ese medio para estructurar el proceso resulta
imprescindible. La unidad entre lo instructivo y lo formativo.
Es en la etapa preescolar donde se sientan las bases para el desarrollo de
cualidades personales, por lo que este principio, que expresa la necesaria
unidad entre lo instructivo y lo formativo en el proceso docente educativo, cobra
particular importancia.
En todos los momentos de la vida del niño debe propiciarse la formación de
sentimientos de amor y respeto hacia su familia, sus compañeros y
educadoras; hacia su patria, y los símbolos que la representan; hacia el trabajo
que realizan las personas que lo rodean y la satisfacción por cumplir con
sencillas tareas, así como cualidades personales como la bondad, la veracidad,
la honestidad y la perseverancia entre otras.
La formación de estos sentimientos debe estar en correspondencia con las
particularidades y posibilidades de los niños de acuerdo con su edad,
explotando las situaciones de la vida cotidiana y las relaciones interpersonales,
para que todo esto cobre una verdadera significación en la vida del niño.
La vinculación de la institución infantil y la familia.
Las influencias educativas que el niño recibe en el hogar y en el círculo infantil
o en la escuela, deben guardar una estrecha unidad. Ello determina que las
educadoras y los padres deben trabajar en conjunto, plantearse tareas
comunes, utilizar formas similares de tratar al niño, de enseñarlo, de ofrecerle
ejemplos adecuados para labrar su futuro.
La vinculación, familia-institución, presupone una doble proyección: la
institución proyectándose hacia la familia para conocer sus posibilidades y
necesidades, las condiciones reales de la vida del niño y orientar a los padres
para lograr en el hogar la continuidad de la tarea educativa. La familia,
proyectándose en la institución para ofrecer información, apoyo, sus
posibilidades como potencial educativo. Se trata de una vinculación que se
plasme en un plan de intervención común, con objetivos y estrategias similares;
en una conjugación de intereses y acciones.
La formación pedagógica de los padres, insoslayable tarea de la institución,
resulta en esta estrategia un medio esencial que garantiza la estrecha
comunicación entre ambos padres y educadoras como vía para lograr un
desarrollo pleno y una mayor satisfacción y alegría en los niños.
La sistematización de los deferentes componentes del proceso educativo.
La expresión de esta sistematización se da en distintas formas de relación.
a) Entre las distintas áreas de desarrollo para un mismo ciclo o año de vida.
b) En una misma área de desarrollo, en un ciclo determinado o para toda la
etapa preescolar.
c) Entre los diferentes ciclos de toda la etapa.
d) Entre la culminación de la etapa preescolar y el inicio de la educación
primaria.
Estas relaciones hay que tenerlas en cuenta para los diferentes componentes
del proceso educativo: los objetivos que se plantean, los contenidos de las
diferentes áreas, los procedimientos y medios didácticos que se utilizan como
parte del tratamiento metodológico de acuerdo a las particularidades de las
edades y las áreas de desarrollo, así como en las formas de valorar los
resultados alcanzados.
Otra consideración de gran importancia se refiere a la unidad de lo afectivo y lo
cognoscitivo en todo el proceso, ya que constituyen elementos del desarrollo
que tienen que lograrse en integración, de forma tal que todo momento de este
proceso sea al propio tiempo instructivo y educativo, o sea, desarrollador de la
personalidad en su integridad.
La atención a las diferencias individuales.
Este principio, que es general para todas las etapas de la educación del niño,
se considera fundamental en la edad preescolar. Ello está determinado por ser
en esta edad, donde el desarrollo se produce de una forma más abrupta y
acelerada. Por lo tanto, se dan mayores posibilidades para la existencia de
diferentes ritmos en el desarrollo de los niños, en sus distintas edades dentro
de la etapa y aun entre niños de un mismo grupo etáreo. Es importante
destacar que el trabajo diferenciado siempre resulta necesario, pues cada niño
tiene sus propias particularidades que lo hacen único. Se trata pues de
potenciar las posibilidades para alcanzar el máximo desarrollo en cada uno.
Desde un punto de vista metodológico, significa la realización no de actividades
específicas para cada niño, sino de actividades en las que se planteen
diferentes niveles de complejidad en las tareas que resuelva un niño o grupo de
ellos.
La atención a las diferencias individuales se realiza de manera natural, de
modo tal, que los niños reciban el nivel de ayuda sin hacerse conscientes de
que sus tareas o las preguntas a ellos dirigidas son más sencillas o más
difíciles y complejas.
El tratamiento diferenciado no tiene que realizarse necesariamente de forma
aislada, aunque esta variante puede ser utilizada para niños con mayores
posibilidades y con los que presentan algunas deficiencias o ritmo más lento.
Un variado contenido de actividades motrices puede ofrecerse a los niños
desde las primeras edades con el fin de contribuir al desarrollo.
Además de la sesión de educación física, existen otras actividades colaterales
que propician el desarrollo de las formas básicas del movimiento.
En la etapa preescolar pueden organizarse diversas actividades motrices, las
que se seleccionan de acuerdo al horario del día y los gustos e intereses de los
pequeños.
Para las primeras horas de la mañana y con frecuencia diaria puede ofertarse
la gimnasia matutina. Su tiempo de duración oscila entre los 5 y 10 minutos,
aumentando progresivamente este tiempo de acuerdo con la edad, desarrollo y
nivel motivacional de los niños. Comienza a desarrollarse a partir de los 3 años
con grupos hasta de 30 niños.
En este espacio se propone al niño ejecutar caminatas cortas y diferentes
acciones en forma de juegos: expresión corporal, paseos acompañados de
tareas motrices, juegos de recorridos entre otros.
Con esta actividad se logra activar el organismo del niño eliminando la
pasividad común de las primeras horas del día, a la vez que se ejerce una
función higiénica ya que se ejecuta siempre al aire libre y su contenido de
movimiento se acompaña de rimas, canciones y expresiones verbales que
posibilitan la oxigenación del organismo.
Con los preescolares de 3 a 6 años otra oferta es la actividad recreativa. para
su desarrollo se proponen diferentes tareas motrices como son: juegos,
caminatas libres o con señales, festivales, actividades con sacos, zancos
infantiles, actividades motrices animadas con títeres, cuentos, personajes,
paseos imaginarios, campismos imaginarios, cantos, rondas y otras.
Para organizar estas actividades el adulto debe preparar con antelación las
condiciones materiales y de seguridad en el lugar donde se ejecutarán las
mismas.
Con la participación de los padres y el personal de la institución infantil se
organizan también los festivales infantiles.
En estas actividades los niños se agrupan para ejecutar diferentes habilidades
motrices mediante juegos y actividades con acompañamiento musical.
En estas expresiones los pequeños utilizan diferentes implementos como
cintas, plumones de colores, aros y pelotas pequeñas, banderas, sonajeros y
otros, los que dan colorido a sus actividades.
Los pequeños disfrutan estas actividades que se acompañan con música y
canciones infantiles. En el caso de las canciones la letra le va indicando al niño
los movimientos que pueden ejecutar.
Con estas actividades se logra gran comunicación con la familia ya que los
padres participan como observadores y en algunos casos realizan la actividad
con los niños.
Los festivales infantiles contribuyen a la actividad grupal, desarrollando en los
niños la ayuda mutua y además contribuyen a estrechar los lazos
comunicativos entre le hogar y la institución.
Los juegos motores ocupan un lugar especial en las actividades del niño
preescolar. Los juegos se ejecutan en las actividades planificadas (sesión de
educación física) y en aquellas libremente seleccionadas por los niños.
Los juegos motores constituyen una actividad lúdica por excelencia que
desarrollan en los niños una u otra capacidad o perfeccionan determinada
acción motora.
Podemos citar algunas clasificaciones sobre los juegos motores analizadas en
varios textos, un ejemplo es la clasificación de los juegos motores por edades;
en nuestra experiencia hemos arribado a la conclusión de que para la ejecución
de los juegos no hay edad, es decir, juegos que se proponen para los
pequeños pueden ser ejecutados también por los adultos con gran motivación
e interés. No negamos la influencia del factor edad para dirigir los juegos, ya
que esta condiciona la carga física expresada en el tiempo de duración,
medidas del terreno, cantidad de participantes, dentro de otros indicadores.
Otra clasificación a citar como ejemplo es la relacionada con la forma de
organización; el aspecto organizativo es muy importante pero únicamente para
la realización del juego, pues para su selección la información que ofrece esta
clasificación es poca.
Nos pronunciamos por clasificar los juegos por las capacidades motrices y
habilidades que desarrollan. Por lo que definimos: Juegos para el desarrollo de
la fuerza, la rapidez y la agilidad. Juegos que contienen acciones motrices
propias de algunos deportes, los que se denominan juegos predeportivos.
No agrupamos juegos para la resistencia, pues esta capacidad se desarrolla en
la medida que los juegos motores se repitan continuamente.
En estas edades la mayoría de los juegos motores se clasifican dentro de la
agilidad, pues esta capacidad exige desarrollarse en gran medida mediante
este tipo de actividades lúdicas, así mismos dentro de estos juegos de agilidad
aparecen muchos con elementos de coordinación, equilibrio, orientación y otras
capacidades coordinativas que son importantes desarrollarlas para que el niño
desarrolle la capacidad agilidad.
Conclusiones
1- El diagnóstico arrojó el insuficiente nivel de conocimiento que poseen las
familias acerca de las actividades motrices- conjuntas en los niños/as de edad
preescolar del S/I “Fernando Cuesta Piloto”.
2- La elaboración de las acciones motrices-conjuntas logro estimular la
participación de las familias de los niños/as del S/I Fernando Cuesta Piloto.
3- El nivel de aceptación de las familias, respecto a las actividades diseñadas
se evalúa de satisfactorio.
Recomendaciones
1. Lograr que los familiares continúen motivados, participen y aseguren
que éstas acciones motrices conjuntas, funcionen según fue concebida,
proyectada y aplicada
2. Continuar trabajando en este tema de investigación con la finalidad de
lograr mejores resultados en la ejecución de las actividades de la
Educación Física preescolar.
3. Elevar el nivel de preparación de las maestras, mediante folletos,
materiales de apoyo, orientaciones metodológicas, u otras
herramientas, para su superación profesional.
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