Palabras claves: METODOLOGIA/PSICOLOGIA DEPORTIVA/ENTRENAMIENTO DEPORTIVO

Título: Consideraciones metodológicas en el empleo de las intervenciones psicológicas en el  

            deportista. Capítulo 7, tomado del libro: Herramientas psicológicas para entrenadores y   

            deportistas 

Autor: Francisco Enríque García Ucha

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En este capitulo se aborda uno de los temas de mas notable interés para los deportistas y entrenadores; consistente en las intervenciones que rea­liza el psicológico con el propósito de resolver los problemas que ocurren en el ajuste de los deportistas alas competencias y los entrenamientos de máxima intensidad o volumen. .

Aquí se explican algunos de los problemas metodológicos de la apli­cación de las intervenciones psicológicas y en los capítulos siguientes se exponen varias de las técnicas y procedimientos mas utilizados en el área de la Psicología . del Deporte, tratando de esclarecer mediante co­nocimientos especializados las virtudes, los defectos y los posibles escollos en el uso de estas técnicas.

Las intervenciones psicológicas se definen como las acciones que desempeña el psicológo, entrenador u otro especialista, con el propósito de que el deportista adquiera y desarrolle habilidades psicológicas para enfrentar el estrés en competencias y entrenamientos y, además, perfec­cione sus capacidades en el deporte. Esencialmente, las intervenciones tienen como objetivos:

1. La mejora sistemática y planificada de las capacidades psíquicas   implicadas en los rendimientos.

2. La reestructuración de las valoraciones y percepciones bajo cuya influencia el deportista no puede mantener un ajuste adecuado en­tre su potencial y las exigencias de la actividad y las condiciones de su realización.

3. La estabilización del comportamiento en la competición.

4. La optimización y activación de los procesos de recuperación psicológica para poder movilizar sus recursos personales en las competencias y entrenamientos.  .

5. La preparaci6n para reorganizar sus recursos psicológicos y ampliar el abanico de posibilidades mediante el afrontamiento de situacio­nes nuevas e imprevistas.

 

Las intervenciones psicológicas en la práctica deportiva abarcan, por 10 menos, tres métodos que acaparan un número de técnicas. Estos métodos son: el entrenamiento psicológico, el acompañamiento o Coaching y la orientación psicológica o Counseling.

 

EL ENTRENAMIENTO PSICOLOGICO

Del entrenamiento psicológico podemos señalar que se trata de activi­dades mediante las cuales se entrena al deportista para la adquisición y desarrollo de habilidades psicológicas que facilitan un accionar más eficiente y que tienen como fin, sobre todo, mejorar la capacidad de autorregulación.

 

Existen tipos de entrenamiento que tienen por meta desarrollar, esta­bilizar y aplicar las habilidades que forman el soporte psicológico de la regulación del movimiento en diferentes situaciones. Otros cumplen el objetivo de preparar al deportista para la solución de diferentes proble­mas, que requieren, pongamos de ejemplo, el entrenamiento en relajación, visualización, asertividad, habilidades sociales, etc.

 

 

 

ACOMPANAMIENTO PSICOLOGICO 0 COACHING

La intención principal del Coaching psicológico es influenciar al depor­tista como individuo, y a equipos como grupos sociales, de forma tal que puedan desarrollar sus posibilidades máximas de rendimiento en la competición y entrenamiento.

Dentro de este contexto, las metas específicas del rendimiento de­portivo deben orientar y darle dirección a la regulación psíquica en la competición.

Las principales tareas del Coaching psicológico son, particularmente, la preparación psicológica en función del adversario, el desarrollo de la autoconfianza y de la fuerza de voluntad, así como la aplicación de técnicas de motivación y orientación táctica, antes, durante y después de la competición. En el caso del Coaching, el trabajo del psicólogo del deporte esta directamente ligado a situaciones concretas del deporte.

ORIENTACION PSICOLOGICA 0 COUNSELlNG

La orientación psicológica tiene como fin ayudar a los técnicos y depor­tistas a entender y solucionar, de la mejor forma posible, sus problemas psicológicos y sociales.

Una tarea específica del psicólogo es ayudar emocionalmente a depor­tistas que pasan por fases de inseguridad, a fin de que puedan encontrar con rapidez la seguridad y autoconfianza.

La psicoterapia y la orientación psicológica son dos áreas de trabajo que están muy cercanas entre sí y son tan difícilmente separables que todo lo que pueda decirse de la primera se puede decir también de la segunda. En ambas están presentes situaciones de aprendizaje donde se producen cambios, se reestructuran significados, percepciones o sentimientos, se modifican actitudes, valores, conductas y concepciones del mundo, se aprenden y se refinan destrezas y habilidades. El orientador psicológico es "facilitador de aprendizajes". El asesoramiento psicoló­gico puede considerarse una disciplina de servicio en la cual un profesional capacitado el asesor psicológico o psicólogo orientador – utiliza  abordajes científicos y procedimientos técnicos para crear un contexto de relaciones y aprendizajes en el cual ofrece asistencia a deportistas, equipos, familias u organizaciones, con el fin de que exploren, identifi­quen, desarrollen y utilicen proactivamente sus recursos personales como herrarnientas para enfrentar retos, crisis y contingencias que derivan de su constante interacción con el ambiente. El objetivo final de esta intervención es el manejo óptimo y creativo de tales situaciones, que a la larga resulte en la detección, prevención y corrección de eventos vinculados al desarrollo emocional, educativo, vocacional y social, con el consiguiente incremento del bienestar integral.

Así, el asesoramiento psicológico es una situación de influencia interpersonal y de comunicación, con toda la complejidad inherente a la comunicación humana y, al mismo tiempo, es una situación de aprendi­zaje, en especial orientada hacia las áreas cognitivas y emocionales.

     En esa situación, el asesor es, simultáneamente, un comunicador profesional y, también, un disefiador de contextos de aprendizaje y cambio, en los cuales sirve, además, como guía, modelo y fuente principal de recompensa.

Las técnicas que se emplean en cada una de estas intervenciones abar­can un abanico muy amplio. Existen diversa as formas de c1asificacion de ellas. H. Valdés Casal (1996) las c1asifica bajo el principio de que proce­sos desea influenciar; a partir de este principio plantea la modificación sobre:

1. La cantidad de activación.

2. Los factores congestivos de la regulación.

3. Las estrategias de afrontarniento.

4. Los elementos de la personalidad.

Al respecto, el autor de este trabajo acoge la c1asificacion basándose en la predorninancia de la influencia verbal o no sobre el deportista. De esta manera, tipifica las técnicas en no verbales -la relajación, la música y otros medios de influencia física- donde el intercambio de opiniones y experiencias no constituye el nuc1eo predominante de la técnica; y las verbales para englobar todas las técnicas que, como la terapia racional emotiva de A. Ellis (1962), predorninan en el manejo de las ideas, 10s sentimientos y las emociones.

A pesar de la re1evancia de las intervenciones psicológicas, con fre­cuencia existe un conocimiento de estos métodos, si bien sus bases teóri­cas y metodológicas no son, comúnmente, de dominio de los entrenadores y los deportistas.

. Existe una gran cantidad de literatura de corte popular al alcance de todos los interesados, aunque esta información no presenta conocimien­tos profundamente especializados para tratar en detalles las complica­ciones, insuficiencias y posibles contradicciones al aplicar una técnica psicológica.

Determinados entrenadores y deportistas recurren a estos métodos por cuenta propia y obtienen o no los resultados esperados. Cuando ocurre lo último, algunos llegan a defraudarse de forma tal que no quieren volver a desempeñarse en estas acciones.

No obstante, todos están muy interesados en resolver las posibles deficiencias o debilidades de los deportistas y usualmente no advierten que están en un área en que es necesario dejar actuar a los peritos, al menos, en las primeras etapas.

Un proceso de 25 años de investigación permite planteamos una evi­dencia buena para aplicar las intervenciones en la preparación psicológica de los deportistas.

Una revisión de la literatura científica emprendida por el autor de este trabajo, demuestra que las intervenciones que sirven para la prepa­ración psicológica son mejores, significativamente, que el control o variación de las condiciones de ejecución de las actividades deportivas.

Sin embargo, hay pocas investigaciones, en Psicología del Deporte, acerca de las intervenciones psicológicas efectuadas con deportistas de alto rendimiento.

Hay un gran numero de estudios logrados con deportistas universita­rios, escolares o que ejercitan como recreación el deporte, lo que nos plantea la necesidad de llevar a cabo investigaciones rigurosas para demostrar el impacto de las intervenciones en' deportistas de alto rendimiento.

Las investigaciones psicológicas en el área del deporte elite están limi­tadas a causa de, entre otras razones, que los estudiosos tienen un control relativamente pequeño sobre los deportistas y quienes los atienden:

El control de los posibles participantes en la investigación esta en manos de los administrativos y entrenadores, quienes pueden variar mucho las condiciones del estudio a causa de las decisiones que tomen con los deportistas durante el período de preparación deportiva.

Los entrenadores, con frecuencia, necesitan cambiar sus planes de entrenamiento, los lugares de preparación y el propio programa de com­petencia. Todas estas modificaciones pueden afectar, profundamente, las acciones directas que requiere una investigación.

No obstante, las evidencias empíricas muestran que las intervenciones son efectivas en los deportistas de alto rendimiento.

A pesar de la relevancia de las intervenciones psicológicas, con fre­cuencia existe un conocimiento de estos métodos, si bien sus bases teóricas y metodológicas no son, comúnmente, de dominio de los entrenadores y los deportistas.

. Existe una gran cantidad de literatura de corte popular al a1cance de todos los interesados, aunque esta información no presenta conocimien­tos profundamente especializados para tratar en detalles las complica­ciones, insuficiencias y posibles contradicciones al aplicar una técnica psicológica.

Determinados entrenadores y deportistas recurren a estos métodos por cuenta propia y obtienen o no los resultados esperados. Cuando ocurre lo último, algunos llegan a defraudarse de forma tal que no quieren volver a desempeñarse en estas acciones.

No obstante, todos están muy interesados en resolver las posibles deficiencias 0 debilidades de los deportistas y usualmente no advierten que están en un área en que es necesario dejar actuar a los peritos, al menos, en las primeras etapas.

Un proceso de 25 años de investigación permite plantearnos una evi­dencia buena para aplicar las intervenciones en la preparación psicológica de los deportistas.

Una revisión de la literatura científica emprendida por el autor de este trabajo, demuestra que las intervenciones que sirven para la preparación psicológica son mejores, significativamente, que el control o variación de las condiciones de ejecución de las actividades deportivas.

Sin embargo, hay pocas investigaciones, en Psicología del Deporte, acerca de las intervenciones psicológicas efectuadas con deportistas de alto rendimiento.

Hay un gran numero de estudios logrados con deportistas universita­rios, escolares 0 que ejercitan como recreación el deporte, lo que nos plantea la necesidad de llevar a cabo investigaciones rigurosas para demostrar el impacto de las intervenciones en- deportistas de alto rendimiento.

Las investigaciones psicológicas en el área del deporte elite están limitadas a causa de, entre otras razones, que los estudiosos tienen un control relativamente pequeño sobre los deportistas y quienes los atienden:

El control de los posibles participantes en la investigación esta en manos de los administrativos y entrenadores, quienes pueden variar mucho las condiciones del estudio a causa de las decisiones que tomen con los deportistas durante el periodo de preparación deportiva.

Los entrenadores, con frecuencia, necesitan cambiar sus planes de entrenamiento, los lugares de preparación y el propio programa de com­petencia. Todas estas modificaciones pueden afectar, profundamente, las acciones directas que requiere una investigación.

. No obstante, las evidencias empíricas muestran que las intervenciones son efectivas en los deportistas de alto rendimiento.

 

Todas las intervenciones psico1ógicas que se refieren al desarrollo de habilidades para el control de los estados emocionales y algunas que se inc1uyen en los procesos de aprendizaje 0 perfeccionamiento de las ejecu­ciones provienen de la Psicología Clínica. Esto proporciona cierta seguri­dad para su aplicaci6n, aun cuando los objetivos de las intervenciones en Psicología del Deporte tienen otro prop6sito, que no es el tratamiento de problemas psicopato1ógicos, sino mas bien educativo, a veces, específicamente profiláctico y de psicohigiene. G. Perez Recio (1992) argumenta que se trata de conseguir que el deportista "aprenda", no de que se "cure" de ciertos "problemas de competición".    'I

De igual forma, existen otras dificultades para determinar el impacto de las intervenciones a causa de problemas que, se relacionan con, el pIano teórico y metodo16gico. Por ejemplo, la proliferaci6n de enfoques basados en la preferencia del psicólogo, más que en una elecci6n funda­mentada con rigor científico.    "

Al respecto, R. Seiler (1992) realiz6 un estudio sobre la predilecci6n en el uso de las técnicas de intervención psicológica de seis especialistas prestigiosos en el área de la Psicología del Deporte. Encontr6 tendencias diferentes en el orden de conveniencias dadas por ellos alas intervencio­nes. En la tabla 13 se exponen las preferencias encontradas por R. Seiler (1992) en estos psic6logos. Por simple inspecci6n, se constata las diferen­cias en los juicios expresados por los diferentes especialistas.

 

Tabla 13

SELECCIÓN, POR ORDEN DE IMPORTANCIA, DE SIETE INTERVENCIONES PSICOLOGICAS REALIZADAS POR SEIS AUTORES

Harris & Harris

Missoun / Minard

Railo

Suinn

Relajación

Visualización

Entrenamiento

Relajación

 

Modelo

 

Concentración

Estab1ecimiento

Desensibilización

Dirección del estrés

 

de metas

 

 

Imaginería

Enfoque de la

Entrenamiento

Control del

 

situación

autogeno

pensamiento

Autotareas

Desconectar

Entrenamiento ,

Representación

 

 

simbó1ico

mental

Establecimiento

Sugesti6n

Entrenamiento mental

Concentración

de metas

 

 

 

Comunicación

Relaciones

Yoga- Meditación

Autorregulación

 

interpersonales

 

 

 

El autor de esta obra encuesto a siete psicólogos del deporte cubano sobre cuales intervenciones, a juicio de elIos, eran preferibles para la preparación mental de los deportistas. Las respuestas fueron:

1. Visualización.

2. Persuasión.

3. Establecimiento de metas y relajación.

4. Técnicas respiratorias

 

En las encuestas se observa que hay diferencias en el orden de jerarquía que se le adjudica a cada intervención, siendo desigual en los autores entrevistados.

Como tendencia, estas diferencias pueden lIevar a pensar que se pro­ducen tanto efectos positivos como negativos con una técnica u otra; de este modo, cabe opinar, también, que otros factores más alIá de las técnicas parecen incidir en el impacto que se ejerce sobre el deportista.

Si la propensión a utilizar una u otra técnica es investigada se encuen­tran, igualmente, resultados polémicos. Por ejemplo, J. M. Buceta (1999) afirma, de acuerdo con sus experiencias, que un método eficaz de intervención es el refuerzo positivo.

Sin embargo, una revisión realizada por H. Valdés Casal (1996) sobre las investigaciones dedicadas al estudio de la retroalimentación positiva, arrojo resultados diferentes a los expuestos por J. M. Buceta. En los trabajos de T. Horn (1987), se encontraron conc1usiones que expresan:

"M as que la cantidad de retroalimentación positiva y negativa, 10 signi­ficativo es que sea contingente a la obtención de una meta apropiada al nivel de ejecución logrado y alas atribuciones del deportista en relación con el control personal de su realización".

. T. Horn (1985) mostró como aquelIos que fueron o no reforzados verbalmente con frecuencia por el entrenador puntearon mas bajo en la autoevaluación de la propia maestría, que aquelIos que fueron critica­dos con frecuencia. En realidad, el criticismo fue contingente con la buena ejecución real y no así el refuerzo positivo.

H. Valdés (1996) arguye que T. Horn y C. Hasbrook (1987) en un estu­dio con deportistas de 10  a 14 años hallaron que los niños que se perciben competentes y tienen un sentido de control interno identifican el incre­mento de sus habilidades y la comparación con sus compañeros como las fuentes preferidas de información. Los que puntean bajos en dichas características utilizan más la evaluación de sus padres y maestros.

I)e esta forma, se puede analizar que no existen conc1usiones absolu­tas sobre el refuerzo positivo; de igual forma, ocurre en la literatura científica con otras técnicas de intervención.

       Como se puede analizar existe una gran complejidad en los mecanismos psicológicos que se ponen en juego fruto de la aplicación de una técnica; a veces', el sentido común nos lIeva a formar una opinión respecto al tema y la investigación rigurosa nos muestra que resulta mas compli­cado el fenómeno en análisis.

En esta misma dirección, meta-estudios realizados sobre las técnicas de intervención psicológica por: M. L. Smith, G. V. Glass y T. 1. Miller (1980), J. T. Landman y R. M. Dawes (1982), M. J. Lambert (1983), T. B. Karasu (1986), E. A. Gomez (1991) y F. González Rey (1997), exponen que el éxito no depende de las intervenciones, sino de la comunicación establecida, las características de las personas involucradas en la intervención --en este caso el deportista y el psicólogo-, así como de la pericia del psicólogo para efectuar su labor.

    De modo que es necesario significar la importancia que tiene la per­sonalidad del psicólogo y las características del deportista.

Si la relación deportista-psicólogo se define como una relación interpersonal, es lógico considerar y estudiar en forma sistemática, las características personales del psicólogo, tales como:

. La capacidad de persuasión.

. La empatía.

. El calor humano.

. La autenticidad.

 

Estas son características que desempeñan un papel trascendental en los resultados de la intervención psicológica.

Durante 14 años, el autor de este trabajo fue jefe de un departamento de Psicología del Deporte; tal experiencia formo la opinión que los psicólogos del deporte que poseen las cualidades antes señaladas en forma consistente, tienden a obtener mejores resultados que aquellos que no las poseen. .

La experiencia en este campo tiende a confirmar que los psicólogos que tienen pocos recursos en sus habilidades personales, tienen más di­ficultades que los que no se caracterizan por estas limitaciones.

A. Gómez (1991) enfatiza que el psicólogo que no se considera per­fecto, pero que demuestra franqueza y estabilidad ante las actitudes y emociones del c1ientepuede actuar con mayor libertad en sus relaciones y tener mayor aceptación; en contraste, el psicólogo que mantiene dis­tancia y no muestra señales emocionales o afectivas hacia la condición del c1iente tiende a errar mas que a acertar.

Con relación a esto, cuando el psicólogo no experimenta sentido de bienestar y ecuanimidad, su trabajo como psicólogo sufre. Si el material que presentan las circunstancias en que se encuentra el deportista el entrenador despiertan en el psicólogo conflictos emocionales que lo absorben por completo y lo distraen de la tarea de entender y ayudar al deportista o al entrenador, el resultado de la preparación psicológica puede ser deficiente.

 

Por tanto, es importante que el psicólogo este relativamente libre de conflictos personales para que sea capaz de implementar o cambiar tácticas y estrategias cuando estas están indicadas.

En suma, la salud mental del psicólogo y su poder de persuasión es­tán entre los factores más consistentemente requeridos para hacer el trabajo con eficacia y eficiencia.

\ La empatía, la autenticidad y el calor humano son los primeros facto­res identificados por los investigadores antes citados.

La flexibilidad del psicólogo, su honestidad, su habilidad para calmar la ansiedad básica y su sentido de buen humor son características pri­mordiales.

    Al respecto, E. H. Erickson (1968) señala que la hipnosis pero no hace daño, lo que hace daño es la personalidad del terapeuta.

En este sentido, E. H. Erickson (1964) comparte con S. Freud (1953) la creencia que la personalidad del terapeuta es un factor fundamental.

    Tradicionalmente, desde otro enfoque, los teóricos de la psicología cognitiva, tratan de disminuir el rol de la personalidad del psicólogo.

Sin embargo, en la practica estos mismos autores siempre demuestran 10 opuesto, par muestra, R. S. Lazarus (1966) recurre en su actividad como psicoterapeuta a la empatía, el rapport y la identificación con el cliente en forma consistente.

Las características del deportista también deben ser tomadas en consideración para establecer un pronóstico favorable de su respuesta a los procedimientos de intervención.

Una de las tentaciones más peligrosas para el psicólogo y el entrenador es en pensar que todos pueden llegar a modificar sus actitudes y erradicar sus dificultades en el deporte.

En nuestra experiencia, para pronosticar un proceso aceptable en el desempeño de las intervenciones se requiere, al menos, que el deportis­ta presente las cualidades siguientes:

1. Grado de educación.

2. Responsabilidad personal y social.

3. Capacidad para tomar relaciones interpersonales.

    4. Motivación para cambiar

 

En general, los deportistas que brindan su aceptación al trabajo de los psicólogos tienen características más o menos comunes. Entre ellas, grado de educación y capacidad intelectual. Los deportistas que tienen una buena capacidad para la comunicación verbal y para establecer una rela­ción interpersonal íntima, se singularizan por una orientación psicológica y capacidad para la auto observación.

Los deportistas que se identifican por poseer cierto grado de respon­sabilidad personal y social, y motivación para cambiar son los que al­canzan mejores resultados en los procedimientos de intervención.

Si se consideran los beneficios y riesgos potenciales que se presentan en todo intento de integración psicólogo-deportista, a nuestro modo de ver, los parámetros más importantes son la calidad de la interrelación psicólogo-deportista y la personalidad de los participantes.

A pesar de conjugar las particularidades señaladas para el psicólogo y el deportista otros factores deben tenerse en consideración para llevar a cabo las intervenciones psicológicas; entre ellos se encuentran:

a) Las características del deporte.

b) El estilo de dirección del entrenador.

c) Las condiciones de trabajo para el psicólogo

 

Las características del deporte establecen ciertas urgencias al tipo de Intervención que se realiza; por señalar algún ejemplo, los deportes de arte competitivo con elevadas exigencias a la coordinación motora re­claman mas de procesos de concentración de la atención óptimos, progra­mas adecuados de la imagen mental del movimiento, un grado determinado de activación y ansiedad, que los deportes de resistencia, donde el empleo del potencial energético del deportista y la tolerancia el cansancio y la monotonía lo constituye casi todo.

Entonces, en cada caso existe una variedad de técnicas de intervención para preparar al deportista de acuerdo con los requerimientos específicos del deporte que practica.

El estilo de dirección del entrenador, también tiene una gran trascen­dencia, Pllesto que la mayoría de las intervenciones psicológicas -entre ellas el entrenamiento mental- se desarrollan en las condiciones de ejercitación en el campo deportivo, donde el apoyo del entrenador resulta esencial.

El mejor programa de entrenamiento psicológico no servirá si actua­mos aislados del entrenador y su grupo de apoyo. Ello es así, como señala G. Pérez Recio (1992), por razón, principalmente, de la perdida de información resultante.

El psicólogo debe conocer, entre otras cuestiones, cual es el grado de entrenamiento del deportista. Ninguna intervención psicológica puede suplir los resultados del entrenamiento deportivo. Un deportista mal en­trenado o que no logra por medio del entrenamiento el desarrollo de sus capacidades deportivas, no encontrara en la Psicología del Deporte una solución a sus insuficiencias y debilidades.

De manera que si trabajamos únicamente con el deportista obtendre­mos una información muy sesgada; si podemos incluir nuestra observación del entrenamiento y la competición, la cosa mejorara un poco y .si podemos tener intercambios de información regulares con el preparador físico, el medico, el fisioterapeuta y, en especial, con el entrenador, ganaremos mucho en la información relevante de que dispondremos.

Estoes valido tanto para la evaluación y diseño del programa, como para los avances y eficacia del entrenamiento.

Parte del éxito del psicólogo en sus relaciones con los entrenadores depende de un adecuado encuadre de la tarea y de que el psicólogo brinde las respuestas que le son solicitadas.

A pesar de estas medidas hay entrenadores que no permiten llevar a cabo el trabajo de la forma planificada a causa de sus propias características de personalidad y tener un desempeño exitoso con sus deportistas resulta de una moderación particular de estos casos.

La mayoría de los entrenadores con los que se tiene la posibilidad de realizar intervenciones hasta sus últimas consecuencias se caracterizan por:

I, Haber logrado de forma estable éxitos con sus deportistas.

2. Están acostumbrados a trabajar con profesionales que apoyan la

Teoría y Metodología del Entrenamiento, por norma, médicos, fisioterapeutas, nutricionistas, biomecánicos y otros.

    3. Tienen respuestas socializadas a la agresividad frente a los fracasos y la frustración.

Es necesario conjugar todo lo señalado para elegir el tipo de interven­ción a realizar. Para ello se recomienda, en el momento de seleccionar la intervención, considerar lo siguiente:

Nivel de empatía logrado con el deportista,

. Características generales de su personalidad.

. La urgencia de reducción de un estado emocional actual muy intenso.

. Hipótesis general que nos planteamos con nuestra intervención.

A estos factores le siguen un conjunto de circunstancias que es de primera importancia tenerlas en cuenta, tales como:

 

I. Actitud del deportista hacia el método.

2. Éxitos alcanzados en ocasión de haberla utilizado.

3. Control de la efectividad.

4. Objetivos que se persiguen.

5. Complemento de un método a otro.

Con referencia a la actitud hacia el método es imprescindible conocer las opiniones del deportista.

Gran parte de los cambios que se obtengan se relacionan con la dispo­sición del deportista hacia la técnica de intervención. Por norma, están quienes estiman que los métodos de relajación no se avienen a su tem­peramento y forma de comportarse; entonces el psicólogo lo que puede elegir otras variantes.

Existen excelentes sistemas de intervención psicológica que, en la práctica, muestran un alto valor para diferentes fines en el deporte; sin embargo, las creencias, prejuicios y hasta la cosmovisión del deportista pueden desechar su empleo. Por muestra, algunas de las técnicas para lograr una correcta regulación de las emociones se relacionan con la práctica de la meditación y hay deportistas que con solo pronunciar esta pala­bra estiman que se encuentran en un campo donde reina la superchería.

El psicólogo siempre debe tener en cuenta las formas espontáneas y empíricas que el deportista utiliza para lograr el control de su mente y a la vez, debe respetarlas, aun cuando no están certificadas dentro de la práctica psicológica. Por ejemplo, todos conocemos de la influencia nefasta del pensamiento negativo antes de una competencia, si bien hay deportistas que plantean que ellos piensan que todo les resultara mal para lograr que todo les marche bien. Con este enfoque de enfrenta­miento al entonces de la competencia estiman que les va bien.

El psicólogo debe saber llevar al deportista desde esa actitud errónea de pensar en negativo, hasta la que demuestran los estudios y experien­cias que resulta más conveniente.

Otro aspecto de relevancia es conocer los progresos que tiene el de­portista como resultado de la intervención.

Ante todo, recordemos que el psicólogo no esta involucrado con el éxito en la competencia o la realización personal del deportista dentro del entrenamiento deportivo, sino que esta tratando de garantizar que el deportista pueda encontrarse en un estado óptimo desde el ángulo psico­lógico y, con ello, ser atraído a hacer uso de todo su potencial o, al menos, mantener un estandar de rendimiento con determinada estabilidad y continuar la direcci6n de desarrollo progresivo dentro de la activi­dad deportiva que realiza.

Por tanto, los resultados deportivos no son un indicador de la eficiencia y eficacia de la aplicación de las intervenciones.

La necesidad de valorar la repercusión que tuvieron sobre el deportis­ta las intervenciones psicológicas tiene un significado especial. Esto no debe ser analizado a la ligera; requiere una exposición amplia, la cual se expone a continuación.

. Casi siempre los entrenadores y otros especialistas del deporte insis­ten en tener la información acerca de cuanto influye el trabajo psicoló­gico en los resultados deportivos y si es posible que se expresen sus consecuencias en términos de porcentajes. (En que porcentaje influye la preparación mental para el logro de los resultados? Ya mencionamos que el trabajo del psicólogo no debe vincularse a la posible victoria del deportista.

También están quienes en la victoria deportiva no recuerdan los com­promisos o la posible incidencia de la labor psicológica en los beneficios que pudo reportar la buena presencia psíquica de los deportistas.

    No deja de resultar muy generalizado que cuando el deportista sufre una derrota se achaque a lo psicológico las causas de ocurrencia.

Ante estas, circunstancias es provechoso tener ciertos controles para poder determinar en que la intervención psicológica tuvo un efecto y en que no.

Por ello, es aconsejable que se tenga una tasa inicial de los atributos que nos proponemos formar, desarrollar o modificar por medio de las intervenciones psicológicas. - .

Hay muchas cualidades indeseables que es factible medir o valorar, a veces, hasta por media de escalas nominales. Por ejemplo, el grado de ansiedad rasgo  ansiedad estado, la cantidad de fallos los errores que se cometen al ejecutar determinadas acciones, o el grado de disposición para llevar a cabo una tarea o el entrenamiento o competencia.

Las tasas iniciales deben ser registradas y guardadas. El entrenador puede tener una determinada acción en su ponderación o en el perfec­cionamiento y objetividad de los valores que se fijan a cada aspecto. Los valores pueden tener su origen en la aplicación del psicodiagnostico u otros de los métodos de investigación de la Psicología del Deporte.

Entonces, se procede a la intervención psicológica y posterior a ella se vuelve a realizar el mismo procedimiento de valoración referido al inicio en relación con los., atributos 0 cualidades que formaban parte del motivo de intervención y siendo así podremos tener un resultado de la eficacia y eficiencia del trabajo psicológico con el deportista.

Existe un conjunto de procedimientos de evaluación de los efectos de la intervención psicológica entre los que se encuentran:

 

Cumplimiento del plan.

. Auto informe de cumplimiento y eficacia del deportista.

. Opinión de los entrenadores sobre los resultados de la intervención.

. Empleo de cuestionarios y tests. De ellos:

- Relajación: GSR. Autovaloracion de la efectividad de las sesiones.

- Test de Visualización de G. Roberts. Autoregistro de efectivi­dad en la claridad y el control de las imágenes.

- Entrenamiento de la atención. Test de tachado, de Tolouse-Pieron.

- Entrenamiento psicológico. Cuestionarios de T. Orlick (1986)    Y B. Rushall (1995).

- Estos últimos son algunos de los cuestionarios que recogen las viven­cias acerca de la modificación de las habilidades del deportista fruto del proceso de intervención.

 

A continuación se expone una de las partes del cuestionario desarro­llado por T. Orlick (1986) para registrar la forma en que contribuyeron las intervenciones psicológicas en los deportistas.

 

Cuestionario de evaluación del final del ano de T. Orlick (1986, 1990).

El propósito de esta evaluación es determinar en que medida tu sientes que el programa de entrenamiento mental influyo en ti.

Por favor, usa la escala abajo relacionada en la cual:

-5: indica "muy obstaculizado" 0: indica "no-efecto"

  5: indica "ayuda mucho"

Para expresar como sientes 0 consideras que cada uno de 10s componentes del Programa  relacionados a continuación influyo en ti en relación con tu forma de buscar 0 perseguir tus metas individuales este ano.

 

 Componentes del programa

Entorpecieron

No efecto

Ayuda mucho

 

Obstaculizaron

 

 

Reuniones de equipo sobre

-5-4-3-2-1

0

12345

preparación mental

 

 

 

Reuniones individua1es sobre planes

-5 -4 -3 -2 -1

0

12345

psíquicos con el entrenador

 

 

 

Reuniones individuales sobre planes

-5-1-32-1

0

12345

psíquicos con consultante en

 

 

 

Psicología del Deporte

 

 

 

Lecturas sobre preparación psíquica

-5-4-3-2-1

0

12345

en "Psyching for Sport"

 

 

 

Situarse metas especificas

-5-4-3-2-1

0

12345

Plan precompetitivo

-5-4-3-2-1

0

12345

Plan focalizado en la competencia

-5-4-3-2-1

0

12345

Plan refocalizacion

-5-4-3-2-1

0

12345

Simulaci6n de la competencia

-5-4"3-2-1

0

12345

Práctica de realización durante

-5-4-3-2-1

0

12345

el entrenamiento

 

imaginación mental

-5-4-3-2-1

0

12345

Reacción

-5-4-3-2-1

0

12345

Formas de evaluación postcompetitiva

-5-4-3-2-1

0

12345

Reuniones de equipo en armonía

-5-4-3-2-1

0

12345

de grupo

 

Plan de comunicación interpers,final

-5-4-3-2-1

0

12345

Plan medio

-5 -4 -3 -2 -1

0

12345

Programa de entrenamiento mental

-5-4-3-2-1

0

12345

Teniendo los elementos anteriores, el psicólogo debe evaluar, también, como es el criterio del entrenador. Este puede facilitar su apreciación acerca de si el deportista ejecutó su actividad en la competencia o en el entrenamiento de la forma que el esperaba y si se cumplieron los pronós­ticos en cuanto al grado de rendimiento, lo que no incluye necesariamen­te la victoria.

 

Por último, más allá de la elección de la intervención y de sus posibles efectos positivos, el psicólogo debe considerar la existencia de errores en la forma de enfocar la aplicación de las intervenciones.

En el piano de lo teórico y metodológico encontramos en el estudio de las intervenciones psicológicas la misma fragmentación que existe en áreas como el estudio de la personalidad.

Uno de los problemas que presenta la aplicación de las intervenciones psicológicas consiste en la unilateralidad y la división existente entre las teorías que sirven de base al quehacer en el uso de ellas en cuanto a los niveles de lo psíquico en que se dedican.

En relación con esto, E González Rey (1997) argumenta que las dis­tintas escuelas en psicoterapia que sirven de base para el desarrollo de las intervenciones se orientan en niveles diferentes, con lo cual son ca­paces de resolver, satisfactoriamente, solo aquellos problemas que se inscriben en el nivel que resulta objeto de su atención.

De esta manera, F. González Rey (1997) puntualiza que el análisis conductual interviene en aquellos procesos que se dan en el nivel del comportamiento; la intervención sobre este nivel ocurre por medio del mecanismo del condicionamiento, como si el comportamiento se agota­ra en los condicionamientos. Sobre todo mediante la reconceptualizacion de las categorías sobre las cuales el sujeto opera, el humanismo se orienta a la reconstrucción de la intencionalidad y la volición del sujeto a la recuperación de su capacidad de autodeterminación, fundamentalmente, trabajando en el nivel consciente de la personalidad y el psicoanálisis se orienta a trabajar la esfera inconsciente, mediante acciones terapéuticas profundas, por mencionar los enfoque mas relevantes.

Cada una de estas posiciones de un planteamiento teórico muestra como absoluta su comprensión de la personalidad y el nivel de funcio­namiento psicológico al que se orienta en su intervención, con lo cual deforma tanto su comprensión de la personalidad, como las posibilida­des de efectividad de las acciones que utilizan.

Tomar como absoluto uno de estos niveles, ignorando los otros, significa simplificar la naturaleza real de la personalidad.

Todo ello nos lleva a enfatizar la necesidad de integración de las in­tervenciones psicológicas diferentes por su concepción, en un enfoque único e integral del proceso de preparación mental del deportista.

Por tal motivo, F. González Rey (1997) alega que las intervenciones que se desarrollan en marcos conceptuales diferentes deben ir orientadas de forma individualizada a la personalidad como sistema, no agotándose en ninguna manifestación parcial de esta, par lo cual resultan validas,  siempre que estén orientadas por una concepción general de la perso­nalidad.

Los psicólogos del deporte debemos considerar que cualquier Intervención va dirigida a un sujeto vivo, que participa activamente de la interacción donde se produce.

Operar las intervenciones como una tecnología centrada en los proce­dimientos y dirigida a formas parciales del comportamiento, representa una inadecuación en la representación, tanto en la personalidad a quien se dirige dicha intervención, como del proceso mismo de preparación psicológica.

En la proyección de la intervención debemos integrar nuestro conoci­miento sobre la personalidad del deportista en un diagnostico diferen­ciado de este incorporando a este diagnostico todos los elementos del estado actual del deportista, como pueden ser, su representación sobre lo que le ocurre, su disposición a mejorar su estado anímico, los conflic­tos mas agudos que experimenta, sus limitaciones y deficiencias. De este diagnostico surge una estrategia de intervención dirigida no solo a sus limitaciones e insuficiencias, sino al deportista como portador activo de un estado inadecuado.

Estas estrategias integran acciones concretas en los distintos niveles de la regulación psicológica, las cuales se interrelacionan estrechamente entre si, por media de las necesidades que van apareciendo en el depor­tista a lo largo del proceso de preparación deportiva. Por ejemplo, al aplicar una intervención ql.\e proviene de la terapia conductual es nece­sario que el comportamiento no se limite por la extinción o reforzamiento, sino que tenga, también, un sentido integral para el deportista, expresado en las vivencias, reflexiones y puntos de vista que este cambio  implica, lo que se relaciona con los verdaderos resortes psicológicos de una transformación de la personalidad, cuyo elemento desencadenador puede lograrse en la intervención al nivel de comportamiento.

De este modo, intervenir en el pIano del comportamiento no es mas que una acción complementaria en el marco de un sistema de acciones del proceso de preparación mental, cuyo centro es el deportista en su verda­dera unidad y diversidad, por tanto, el alcance de las acciones del psicólogo o tendrá que ser evaluado en el sentido de estas para el deportista.

Al colocar la personalidad del deportista en el centro del trabajo del psicólogo, este debe informar al deportista y al entrenador del procedi­miento de intervención, de los posibles beneficios y perjuicios, de los cuidados y controles necesarios para cada método.