Palabras claves: ADULTO MAYOR/EVALUACION/, INVESTIGACIONES/EDUCACION FISICA

Título: Importancia de la evaluación de la condición física del adulto mayor

Autor(as): Lic. Odalys Núñez García

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Fecha de publicación: 5 de mayo del 2011 

Resumen:

Se muestran aquí los avances de una novedosa investigación acerca de la evaluación de la condición física del adulto mayor que se está llevando a cabo en el Consejo Popular Cayo Hueso, municipio de Centro Habana, provincia Ciudad de La Habana, donde se han seleccionado varios círculos de adultos mayores –Parques Maceo, de los Mártires Estudiantiles y Quintín Banderas, más conocido este último como Parque Trillo– para efectuar en ese territorio las pruebas y mediciones, que están sirviendo ya como comprobación de la innegable importancia de esa información, fundamentalmente para el profesor de Educación Física para adultos.

Dicha evaluación se basa en la medición de la flexibilidad, la fuerza, la rapidez, la coordinación y la resistencia, y su importancia radica en que: 1°) Es un objetivo de nuestra sociedad que los ancianos sean personas independientes, capaces de realizar por sí mismo la mayor cantidad de acciones motrices, de continuar siendo  económicamente activos y puedan tomar decisiones por sí mismos y, en fin, de hacerlos sentirse útiles. Por eso son necesarias las baterías de pruebas, cuyos resultados constituyan elementos básicos –de forma individual y colectiva–, como punto de partida integral, que permitan al profesor planificar y dosificar sus clases. Y 2°) porque nuestro país carece de dicho instrumento de medición, pues solamente se evalúa la resistencia para ubicarlos en uno de cinco niveles, sin más información para el docente. Existen tests para otras edades, es precisamente en este grupo poblacional donde es marcada su carencia.

Texto completo: 

Introducción

Acerca de la educación física aplicada a los adultos mayores, individuos de 60 años y más, se ha investigado ampliamente a nivel mundial. En Cuba se han realizado numerosos trabajos referidos a diversos espacios  –nacionales, regionales y locales–,  cuyos resultados han sido recogidos en obras de distintos géneros –libros, revistas, documentales, etc.– e incluidas en tesis de licenciatura, diplomado, maestría y doctorado; pero este tema acerca de la evaluación de su condición física específicamente, es deficitario; incluso comparándolo con la totalidad de los estudios sobre este grupo etáreo, puede calificarse de escaso también a nivel internacional.

Hasta este momento se han localizado muy escasas fuentes: en Canadá, gracias a las conferencias impartidas en La Habana (2009) por la doctora Clara Fitzgerald[1] y en la obra Equilibrio y movilidad con personas mayores, de Debra J. Rose (2005).[2]

En Cuba el estudio del adulto mayor se generaliza a partir de la creación de los círculos de abuelos, fundados en 1984 por el doctor Raúl Mazorra Zamora. En el sector deportivo se les da especial atención –participan en eventos de composición gimnástica, se les brindan actividades recreativas, caminatas, maratones, etc.--; sin embargo, existe una exclusión a la hora de evaluar su condición física. Por ejemplo, en la tabla del Percentil’90, publicada por LPV del Plan de Eficiencia Física 1996, vigente aún para la planificación de los profesores cubanos, no aparece el grupo mayor de 65 años y en el grupo de 61-65 años sólo se evalúan los individuos del sexo masculino. No hay ningún otro documento oficial que oriente la realización de otro tipo evaluación, que no sea la prueba de resistencia realizada  anualmente.

De todo lo anterior se infiere que existe un problema: la insuficiencia de test de evaluación del adulto mayor para ser utilizado por los profesores de educación física. Aquí se muestran los avances de una investigación acerca de la importancia de ese tipo de evaluación y para ello se está llevando a cabo un estudio de campo en el Consejo Popular Cayo Hueso, municipio  Centro Habana, provincia Ciudad de La Habana, donde se han seleccionado tres círculos de abuelos para efectuar las pruebas y mediciones que ya están sirviendo de comprobación del innegable valor que tiene, fundamentalmente para el profesor, quien debe conocer y disponer de tal esa información con el mayor detalle posible. Con el fin de resolver el problema, se ha planteado como objetivo general: 

  • Confección de baterías de pruebas de evaluación de la condición física del adulto mayor.

Para alcanzar ese propósito, se han formulado los siguientes objetivos específicos:

  • Aplicación de las baterías.
  • Validación de los test para demostrar la factibilidad en su aplicación.

Antes de tratar sobre los métodos consideramos conveniente caracterizar la investigación de referencia: tiene un alcance de tipo transversal, sus resultados serán socializados de inmediato a fin de transformar los contextos, desde la comunidad más inmediata, o sea, la barriada de Cayo Hueso, hasta la totalidad del país y, quizás, más allá de las fronteras cubanas... Esta exploración  que se está llevando a efecto en el terreno es una situación natural que permitirá la generalización de los resultados a situaciones afines, pues se trata de una investigación cuantitativa, con aspectos observables y susceptibles de cuantificación.

En la investigación se utilizan diversos métodos: la encuesta, aplicada tanto a los expertos y a los miembros del equipo de trabajo. Desde su inicio se ha utilizado el método histórico-lógico, y con él los métodos generales del pensamiento –analítico, sintético y la combinación de ambos. Finalmente se aplicarán métodos estadísticos.

Desarrollo

La esperanza de vida de los adultos mayores aumenta no solo significativamente sino de forma sostenida. Con la Revolución, Cuba es uno de los países del Tercer Mundo de envejecimiento similar al de los  más desarrollados. Actualmente en la Isla de cada 10 individuos uno es adulto mayor y para el año 2050 se espera que el grupo rebase a la población menor de 14 años, incluso represente hasta el 50% del total de la población e incluso continúe ampliándose.

Son diversas las causas de esta situación: el desarrollo científico-técnico ha permitido un notable avance de la medicina, la calidad de la alimentación y el medio de vida  en general –y con ello la prolongación de la vida humana–. Por la misma  causa  ha disminuido la mortalidad infantil y la perinatal.  Por otro lado, una significativa baja de la natalidad a causa del desarrollo tecnológico aplicado a los anticonceptivos, el desarrollo sociocultural y la planificación familiar, y dentro de ésta el cambio de funciones de la mujer en la sociedad.

Antes de 1959 la esperanza de vida del individuo que llegaba a los 50  era solo de 15,5 años; actualmente se eleva a más de 20. La mayoría de los hombres alcanza de 72 a 94 años de edad y las mujeres entre 76 y 90, con la posibilidad genética de vivir  hasta 120.

Un objetivo de nuestra sociedad es que el anciano, como ser bio-psico-social, sea una personas independiente, capaz de  realizar por sí mismo la mayor cantidad de acciones motrices, de continuar siendo económicamente activo; que pueda tomar decisiones y, en fin, que se sienta útil.  “(...) en la adultez a las limitaciones adquiridas en los años anteriores se pueden agregar otras que la persona se imponga por sí misma o por otras personas (...). Las limitaciones inadecuadas pueden ocasionar graves consecuencias en el proceso de la vida. (...) pueden llevar a formar hábitos nocivos como (...) preferir una vida sedentaria [subraya Selman] (...) Hacer frente a la amenaza de autolimitarse es a veces difícil por la presión del entorno social”.[3] A un individuo puede corresponderle una esperanza de vida según las estadísticas, pero  el reloj biológico de sus células no coincidiría si él no contribuye  con un buen sistema de vida. Según Omaida Torres H. el estilo de vida “se deriva del modo de vida. Es una categoría sociopsicológica que se utiliza para describir los comportamientos humanos cotidianos y sistemáticos con relación a la salud (...). Es la manera en que se manifiesta la forma de satisfacer las necesidades humanas cotidianas (...). Hay que luchar porque todas las personas (...) adquieran una «cultura de salud». Cultura proviene del latín cultûra que significa cultivo, elaboración, y constituye una categoría que revela el grado de conocimiento de la persona, dominio de sí mismo y del medio social en que se desenvuelve, que le permitirá, según la actitud que asuma, desarrollar estilos de vida saludables o no, los cuales incidirán sobre su calidad de vida”.[4] El conocimiento de sus propias posibilidades refuerza el deseo del individuo y su decisión de incorporarse a las actividades física.

Marcados son los esfuerzos de nuestro Gobierno dirigidos en ese sentido; o sea,  a la satisfacción de las necesidades espirituales y materiales del anciano, aun más en el plano social, lo cual se evidencia en la fundación de los círculos de abuelos y los comedores comunitarios subsidiados, la creación de la Cátedra del Adulto Mayor, el perfeccionamiento del sistema de pensiones y del plan de jubilaciones. Además, se participa en eventos internacionales sobre el tema como, por ejemplo, los Congresos de Longevidad Satisfactoria, que se efectúan precisamente en Cuba.[5]

El envejecimiento produce un deterioro  biológico en el ser humano a medida que pasan los años, especialmente a partir de la tercera década, la pérdida de la estructura y funcionalidad orgánica, la cual puede ser medida mediante la valoración de

la condición física, en general, o las capacidades físicas, en particular. Durante la investigación, se analizará qué  ocurre en cada una de las capacidades físicas con el paso de los años y sobre todo, en las últimas décadas de la vida.

El término actividad física hace referencia al movimiento, la interacción del cuerpo y la práctica humana. Como muchas otras manifestaciones de la vida,  tiene una dimensión biológica, otra personal y otra sociocultural. La actividad física cobra cada día mayor importancia en la vida de las personas porque su práctica está relacionada con aspectos fundamentales  de la cotidianidad y el bienestar del individuo: mejora la salud, las relaciones entre las personas, hace más agradable el uso del tiempo libre, incluso mejora el rendimiento del trabajo. Comprendida dentro de las actividades deportivas garantiza el alto rendimiento y aumenta el grado de competición.

Los seres humanos difícilmente podemos tener una vida plena sin posibilidad alguna de movimiento. La historia de la cultura física narra la evolución de la importancia que las distintas sociedades han dado a la actividad física, y en nuestro días puede considerarse “de moda” pues han aumentado notablemente las instalaciones no solo en las zonas urbanas sino, incluso en las rurales, y se ha multiplicado la cantidad de publicaciones, así como del espacio y el tiempo dedicado a ellas en otros medios de comunicación masiva.

La condición física es la respuesta del individuo de acuerdo con su aptitud hacia la vida.[6] Es uno de los dos componentes esenciales para la vida plena –el otro componente es la capacidad anímica–. Una buena condición física permite a la persona ejecutar con eficacia las actividades vitales; pero ella no es espontánea, hay que cultivarla, ejercitarla.

El complemento de la condición física del ser humano es la capacidad anímica, la cual cobra mayor relevancia con la edad hasta asumir el peso mayor en este dúo se puede parafrasear la máxima “mente sana en cuerpo sano” y asegurar que sólo habrá “cuerpo sano en mente sana”.

Se ha dicho anteriormente que la condición física debe cultivarse, desarrollar conscientemente las cualidades motoras de fuerza, resistencia, movilidad y destreza en sus diferentes formas de manifestación, como son la fuerza rápida, la velocidad de reacción o la resistencia aeróbica. La evaluación o valoración de la condición física constituye un paso necesario en el proceso de prescripción  del ejercicio físico en los adultos mayores por  razones de seguridad, de eficiencia y de control individual de los resultados. Esta es una información imprescindible en el perfeccionamiento del proceso docente educativo; por lo tanto, la evaluación es un tema priorizado en nuestra investigación. La que se está efectuando en la investigación que se presenta en este trabajo, se basa en la medición de la flexibilidad, la fuerza, la rapidez, la coordinación y la resistencia. Se trata de obtener una evaluación integral del anciano que permita a los profesionales de la cultura física que trabajan con ellos prepararse para brindar su servicio con la máxima calidad. En esto radica también la importancia de contar con baterías de pruebas –principal objetivo de la investigación–, cuyos resultados constituyan la información básica  –tanto de forma individual como colectiva–, de manera que resulte el punto de partida para la posterior integración, permitiéndole al profesor planificar y dosificar sus clases. Sólo con el cumplimiento de estas condiciones el adulto mayor logrará una buena salud física y mental, aspirar a la felicidad, y al mismo tiempo el profesor podrá satisfacer sus objetivos docentes y sus necesidades cognitivas de forma científica, previniendo dolencias, enfermedades y otros aspectos negativos, y facilitar así  la autonomía de los ancianos.

Como se dijo, la única prueba física a los adultos mayores orientada hasta ahora por el INDER es la resistencia cardiovascular. No se niega la importancia de conocer el grado de resistencia en el anciano porque  es  uno de los cinco componentes principales de la condición física, conjuntamente con la composición corporal, la fuerza muscular, la flexibilidad y el equilibrio. Sin embargo, se hace incuestionable que el profesor debe conocer más acerca de los otros componentes de la condición física.

Por ejemplo,  según un colectivo de autores dirigido por Burgos Gil: “Hasta hace muy poco, ha estado muy mal visto el trabajo de fuerza en niños y en ancianos. Hoy en día sabemos que, conociendo las limitaciones de cada grupo de edad, podemos desarrollar la fuerza, consiguiendo así todos los beneficios que nos reporta esta cualidad física (...)” [7] Estando de acuerdo con estos autores sólo hay que añadir que para efectuar ese trabajo es necesaria una  evaluación inicial de la fuerza antes de  planificar y poner en práctica cualquier programa de educación física. “La relación entre la fuerza máxima  y la salud es controvertida (Viljanen, 1991).[8] En consecuencia, no puede acreditarse ninguna prueba universal. No obstante, se sugiere la conveniencia de incluir la prueba de dinamometría bimanual por su teórica relevancia en las tareas diarias (manipulación y transporte de objetos, agarre, etc.).”[9] En esta investigación se va a aplicar la prueba solamente en el brazo predominante.

“No debemos pensar en el trabajo de fuerza o pesas como desarrollo del volumen muscular. En función de los objetivos que tengamos, simplemente, puede que nos interese mejorar el tono muscular. Por ejemplo, en las personas muy mayores, el aumento de fuerza de las piernas les permite levantar más alto los pies y con ello subir mejor las escalones, o levantarse con menos esfuerzo de una silla.”[10]

En el aspecto de la fuerza, dichos autores señalan que el “objetivo principal, salvo excepciones, es (...) mantener la fuerza muscular en aquellas personas que están en forma, y mejorarla en aquellas que hayan perdido capacidad funcional. Una vez conseguido esto, entonces  podremos plantearnos objetivos más ambiciosos.” [11]

La autora señala que en este sentido se debe evaluar la fuerza muscular con que se presentan los adultos mayores y a partir de eso se plantean los objetivos: al principio, en una primera etapa, recuperarla a niveles saludables; después, mantenerla y luego, mejorarla paulatinamente en aquellas personas que hayan perdido capacidad funcional. Una vez conseguido esto, entonces se pueden plantear otros objetivos más ambiciosos, como ellos proponen.

Tocante a la flexibilidad, hay que evaluarla, en particular la flexibilidad global anterior del tronco –columna dorso-lumbar y musculatura isquiotibial–,  por su relación con los problemas de la columna lumbar [12] y su repercusión en tareas cotidianas como agacharse, atarse los zapatos, vestirse o cortarse las uñas de los pies.

Otro aspecto que se debe tener en cuenta, el equilibrio, es un factor importante de rendimiento físico general, y también de prevención de riesgo de caídas y de accidentes diversos. [13] Además, es un proceso por el cual controlamos el centro de masa del cuerpo respecto a la base de sustentación, ó sea estática o móvil.[14] Y finalmente, la rapidez, “cualidad que permite realizar acciones motrices en el menor tiempo posible”.[15] Este concepto llevado al estudio en cuestión y por las características de sujetos-objeto de estudio, el principal objetivo es observar, analizar, diagnosticar con qué tipo de rapidez se han presentado; distinguir y  conocer su desplazamiento, su forma de reaccionar, su estabilidad, su orientación espacial, todo lo cual es muy importante en el dinamismo de la vida cotidiana en cualquier ser humano.

Conclusiones

De acuerdo a los resultados parciales ya se puede generalizar e informar que se han seleccionado las pruebas, las cuales serán aplicadas y que constituyen la proposición de  baterías de evaluación de los diferentes aspectos de la condición física:

Condición física a evaluar

Nombre del test

1

Fuerza en                    miembros inferiores

Sentarse y Pararse

2

Fuerza en                      miembros superiores

Levantamiento de Brazo

3

Flexibilidad frontal

Sentarse y Alcanzar

4

Flexibilidad

(movilidad articular)

Flexión Lateral del Tronco

5

Resistencia

Pasos en 2 Minutos

6

Equilibrio dinámico

y agilidad

8 Pasos hacia Adelante

7

Equilibrio dinámico                                   y agilidad

Paso 4 Esquinas

8

Flexibilidad de los brazos y flexión del tronco

Rascarse la Espalda

Bibliografía

  1. Burgos Gil, M.A., J.P. Núñez Roca, P. Padial Puche y J. Viciana Ramírez (2001): Actividad física para adultos mayores. Manual Básico. Diputación de Granada, España, 141 pp.
  2. Fitzgerald, Clara (2009): Conferencias ofrecidas en La Habana, Hotel Meliá Habana.
  3. Martínez Puentes, Silvia (2003): Cuba más allá de los sueños. La Habana, Editorial José Martí, 423 pp.
  4. Menció Aranguren y colectivo de autores (2005): La gimnasia y la educación rítmica, Editorial Deportes, La Habana, 218 pp.
  5. Ramírez Bautista, Miguel (1998): El deporte en la tercera edad, México, D. F., Editorial Diana, 244 pp.
  6. Rodríguez, Ferrán A. y otros (1998): “Valoración de la condición física saludable en adultos (I). Antecedentes y protocolos de la batería AFISAL-INEFC.” En: Revista Apunts. Educación Física y Deportes, N° 52, Barcelona, pp. 54-75.
  7. Rose, Debra J. (2005): Equilibrio y movilidad con personas mayores. Universidad Estatal de California. Título original: Fall proof! A comprehensive balance and mobility training program. Traducción: Pedro González del Campo Román. Editorial Paidotribo, Badalona, provincia de Barcelona, España,  385 pp.
  8. Selman-Housein Abdo, Eugenio (2008): Cómo vivir 120 años, Editorial Científico-Técnica, La Habana, 160 pp.
  9. Torres Herrera, Omaida (2009): Controlar su diabetes, Editorial Científico-Técnica, La Habana, 178 pp.

 


[1] Entrevista realizada por la Autora, en el año 2009, en el Hotel Meliá Habana.

[2] Debra J. Rose (2005): Equilibrio y movilidad con personas mayores, Badalona, España

[3] Eugenio Selman-Housein A. (2008): Cómo vivir 120 años, pp.82 y 83.

[4] Omaida Torres Herrera (2009): Controlar su diabetes, p. 32.

[5] Véase de la misma autora, Leidys Escalante Candeaux (2005),: Estudio sociopsicológico en un grupo de adultos mayores del Municipio Centro Habana, tesis de maestría, ISCF Manuel Fajardo,

[6] Véase de la misma autora, Leidys Escalante Candeaux: “La condición física. Evolución histórica del concepto", artículo inédito.

[7] M.A. Burgos Gil y otros (2001): Actividad Física para adultos  y mayores. Manual Básico. Diputación de   Granada.

[8] En Ferrán A. Rodríguez y otros: “Valoración de la condición física saludable en adultos (I)”. Revista Apunts N° 52,  Barcelona, 1998, pp. 54-75.

.  [9] Ídem

[10] Burgos Gil y otros, ob. cit., p. 88.

[11] Ídem.

[12] Jackson y Baker (1986). En: Ferrán Rodríguez y otros, ob. cit., p. 57.

[13] Burgos Gil y otros, ob. cit., p. 132.

[14] Debra Rose (2005): Equilibrio y movilidad con personas mayores, Editorial Paidotribo, Badalona, España, p. 15.

[15] Tanya Menció Aranguren (2005) La gimnasia y la educación rítmica, Editorial Deportes, La Habana, p. 123.